DIY: Lámpara y cubre ventilador de papel. Origami muy sencillo.

El calorcito ha venido a celebrar los 25 años de la inauguración de la Expo´92 de Sevilla, y claro, el ventilador de techo ha acaparado toda mi atención. Todos los inviernos le desmonto las aspas y aparece un horroroso monstruo colgante en medio de mi dormitorio. Antes de que esa visión nos provoque pesadillas a todos, ¿qué tal si le hacemos un económico tuneo?

Solo necesitas varias láminas del papel que más te guste y un ratito frente a una buena mesa para plegarlas (y si dispones de una perforadora, ¡genial! Si no con una aguja cualquiera y un trozo de hilo es suficiente). ¿Todo listo? Manos a la obra.

Yo usé cuatro formatos de tamaño aprox. A2 de papel para acuarela que al ser grueso resulta muy resistente.
Inconveniente: Es más difícil de plegar.
Consejo: Usa un papel que tenga algo de cuerpo, cualquiera que al doblarlo por la mitad se mantenga de pie sin desmoronarse.

El método es muy sencillo y sin necesidad de tomar medidas o usar plantillas.

  1. Dobla tu lámina por la mitad.
  2. Vuelve a plegar esas mitades sobre sí mismas.
  3. Y una vez más (cuantos más dobleces más estrechos serán los rombos de tu lámpara y viceversa). Si todo está bien todos tus pliegues serán del mismo ancho.
  4. Ahora hacemos lo mismo en la otra dirección.
  5. Para el plegado diagonal tenemos que localizar los puntos donde las líneas anteriores se encuentran y unirlas tal como se ve en el dibujo.
  6. Repetimos en la otra dirección y ¡ya lo tenemos!

Procedemos a realizar el plegado final. Esta fase es la más complicada, fíjate muy bien en todas estas fotos.

Para ayudar a mantener todas tus láminas unidas haz perforaciones o pasa una aguja con hilo tal como se ve en la imagen superior.
El resultado final debe ser parecido a este.

Y aqui tenemos a mi monstruito bien oculto. ¡Aleluya!


Si quieres rombos más alargados, las dobleces horizontales (las verdes) deben llevarse hacia el extremo del papel. El resto del proceso sigue igual.

vía


Ya que estamos metidos en faena vamos a hacer una pantalla de origami para una lámpara pequeña.

¿Recuerdas cómo hacer un cuadrado con un folio? Exacto, lo doblabas 45º.

Pues ese es todo el secreto de este tipo de plegado, solo debes tener cuidado de que tus dobleces vayan formando cuadrados como en la imagen (yo me equivoqué y tuve que rectificar después). El resto de pasos son iguales que en el ejemplo anterior.

Este modelo no necesita más trabajo. Simplemente haces un canuto y unes los extremos con pegamento. Más sencillo imposible y para colmo, queda precioso.

Así he conseguido reutilizar la base de esa lamparita que tenía rota y arrinconada.

(No me convencía del todo el resultado final y le añadí una base redonda de madera. Ahora sí, ¡perfecto!)

¡Listo! En una tarde dos lámparas nuevas por menos de 10 euros.
Y tú, ¿te animas con  este sencillo DIY?

House tour: Apartamento Nionohama, diseño para gatos y humanos.

Este apartamento parece pensado para mí y mis dos peluditas escaladoras… si no fuera porque está ¡en la otra punta del mundo!

El nacimiento de su primer hijo llevó a esta pareja japonesa a remodelar su vivienda pensando en sus nuevas necesidades y las de sus dos gatos.

Contaban con unas vistas impresionantes sobre el lago Biwa, en la prefectura de Shiga, al noreste de Kioto, dos enormes terrazas, 85 m2  y la necesidad de integrar muchas plantas y un cuidado mobiliario.

Sumiou Mizumoto y Yoshitaka Kuga de Alts Design Office diseñaron un sistema de estratos, otorgando el superior, difícilmente utilizable, a recorridos para mininos y el inferior al uso familiar, incluyendo espacios intermedios en los que la altura de la mirada sea la misma para todos, ayudando así a una mejor comunicación.

Para maximizar el espacio útil y la luz los espacios de almacenamiento y electrodomésticos se sitúan pegados a las paredes ayudando así a que los gatos puedan pasear entre y/o sobre ellos. Un sistema de tirantes metálicos suspendidos del techo acoge hasta cuatro niveles repartidos entre baldas de circulación, armarios de almacenaje y escondites pensados para las mascotas. Las plantas van encontrado su sitio, unas veces sobre las estanterías, otras colgadas y las de mayor porte en maceteros sobre el suelo.

La isla de la cocina ayuda a sectorizar el gran salón evitando que el espacio pierda fluidez y permitiendo que todos los espacios disfruten de luz natural y vistas sobre el lago.El diseño de la iluminación sigue los mismos parámetros, fundiéndose en el techo.

Un interior contemporáneo con  gran protagonismo de la madera en mobiliario y suelos y paredes blancas sin adornos crean un hogar confortable para la familia entera.

Los diseñadores creen en una nueva universalidad amable con las personas y el entorno y ciertos toques en los textiles étnicos, colgadores de macramé, detalles mid century en mobiliario e incluso la separación de la entrada mediante cuarterones de vidrio con perfiles metálicos negros lo delatan.

Detalle de la entrada con suelo diferenciado y almacenamiento a medida. En el hogar japonés los zapatos se dejan en este espacio y se sustituyen por zapatillas.

 

Pasillo distribuidor inundado de luz natural. Al fondo uno de los dormitorios.

La habitación de mayor tamaño es el estudio/taller de costura y la habitación del pequeño de la familia. Su situación enfrentada al salón permite la correcta ventilación cruzada, muy importante durante la época de lluvias con gran humedad ambiental. Como en el resto de la casa el control de la luz se realiza mediante venecianas.

El baño cuenta con dos espacios diferenciados. Uno es para el baño, fundamental en la cultura de Japón y que cuenta con iluminación natural. El espacio de lavabo queda al interior. Para resolver el paso de luz natural se emplea puerta de vidrio y tabiques acristalados en su zona superior. Las plantas y la madera colonizan también esta zona.

Detalle planta. En línea discontinua el recorrido aéreo para mascotas.

Fuente: Archello
Fot: Fuji-Shokai / Masahiko Nishida


Y vosotros, ¿habéis gatificado algún elemento de vuestro diseño?
Yo sí, ¿os apetece verlo?

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House tour: Villa Mandarina, esencia mediterránea.

 Ana Béjar descubre villas destrozadas, las compra y rehabilita hasta convertirlas en pequeños paraísos. Sus espacios beben de la tradición mediterránea con toques étnicos, doman la intensa luz malagueña y potencian las vistas al mar y el disfrute del exterior.

Villa Mandarina se sitúa en Casares Costa, entre Estepona y Sotogrande. La interiorista trata de respetar al máximo la construcción tradicional de las viviendas que transforma, en este caso una edificación cubica con tejados planos y pequeños huecos pero una privilegiada situación elevada sobre la costa.

La actuación mejoró la relación exterior-interior con la apertura de grandes ventanales, permitiendo el acceso a su propia terraza o patio a cada una de las habitaciones. Se resituó la cocina en un gran espacio de día a tres niveles ganando así un dormitorio de invitados.

Para que la luz inunde este espacio largo y un tanto estrecho se opta por el color blanco en paredes, mobiliario y carpintería, consiguiendo así diluir los límites. Los suelos de mármol en crudo también son claros pero sin brillo, imagino que tratando de huir de molestos deslumbramientos.

La nota de color queda a cargo de complementos, obras de arte y un exuberante exterior. Textiles de corte bohemio y reminiscencias árabes quedan a cargo de proporcionar la calidez necesaria al ambiente.

En un altillo abierto se sitúa una sala multiusos que funciona de pequeño estudio, sala de televisión o dormitorio adicional según necesidades. Las camas de día que la decoran adoptan varias posiciones para adaptarse a cada una de las situaciones.

Los dormitorios siguen las mismas pautas que la zona de día incluyendo cada uno un elemento diferenciador que les confiere un carácter único. Un espectacular cabecero de bambú pintado en blanco atrapa todas las miradas en este dormitorio.

En el dormitorio de invitados el acento corre a cargo de la decoración de ventana procedente de la India.

El principal se concibe en suite con vestidor y baño. Destaca el armario procedente de Bali, las mesillas a medida con las luminarias suspendidas del techo.

La entrada es un espacio ecléctico, la puerta principal recrea los vanos en arcos típicos de la arquitectura árabe y que se replican por toda la vivienda. Una minimalista repisa de madera blanqueada acoge algunas piezas de arte de diversas procedencias.

En los baños se utilizan suelos de cantos rodados y grifería que recuerda a los caños de los patios tradicionales.

El blanco impoluto, la perfilería reducida a la mínima expresión y las encimeras voladas consiguen maximizar la luz y el espacio disponible.

 

 

La estrella de esta villa es su espacio exterior, suelos en cemento blanco, una pequeña piscina en esquina que rememora una alberca, palmeritas y un frutal (¿será un mandarino?) cercado con muros blancos configuran un patio concebido para el disfrute.

En la parte opuesta de la vivienda los muros se recortan permitiendo el disfrute de las vistas con mobiliario en madera y forja y maceteros de terracota.

Aunque el resultado sufre de falta de color y vegetación para mi gusto (por la zona en la que se encuentra quizás sea una vivienda de veraneo con necesidades de bajo mantenimiento), me encanta el efecto atemporal y los detalles étnicos y tradicionales.

Pese a que el clima es muy benigno me sorprende la falta de climatización y/o elementos de protección de los grandes huecos como cortinas, persianas, porches, voladizos o vegetación que ayuden a controlar el soleamiento y proporcionen la necesaria sombra.


¿Quieres ver más? Todas las imágenes del proyecto en Houzz

Fotografía: Masfotogénica Fotografía

Si te gusta este estilo descubre otros proyectos de Ana Béjar aquí.